Y ya se fue ese cielo morado y celeste y no pude hacerle fotos porque la cámara de la Barbarilais que tan amablemente me prestó (L) para tomar fotos a la Patogallina ayer, le dan las mañas y me dice error de zoom y ahí se queda, desenfocada y amurrada y no cambia hasta que la dejo un buen rato apagada y luego la vuelvo a encender con la esperanza no secreta de que funcione, a veces, ni siquiera así funciona. De todas formas no me enojo porque esta cámara es una sobreviviente, sí, terremoto y tsunami con todo, cuando la lais la encontró estaba enterrada en el barro y tuvo que rescatarla, pensó que moriría pero al igual que su casa, sobrevivió. Su historia (la de Bárbaralais no la de su cámara) es la que más me ha llamado la atención de todas las historias de terremoto que he oído (que son muchísimas), no por la tragedia y mucho menos por la forma en que me lo contó, la cosa es que no tengo idea el por qué, pero es impresionante justo como una buena película y con final feliz.
No me desperté temprano, no fui a clases, no he estudiado nada, no he hecho mi cama y recién estoy ordenando el hogar, tomé algunas fotos bonitas que aún no paso al computador, tengo los pies helados, la toalla secándose y en el reproductor mi canción favorita del nuevo disco de Jorgito Drexler (que dicho sea de paso esta semana compraremos las entradas con la PePolanco, hay que programar ese día). No es que no haya hecho nada porque odie la materia (aunque la odio) ni por falta de motivación (estoy curiosamente-alegremente motivada) sino porque la posibilidad de tener a ese sobreviviente conmigo no me permitía concentrarme en otras cosas, no cuando tengo la posibilidad de hacer cosas que me gustan más, en cierto modo eso es lo único bueno de no tener cámara (o de tener, pero que esté mala), que cuando tengo una cerca le estrujo como si no hubiera mañana, eso lo hago con todo y me gusta.
Ya es tiempo de que me ponga productiva.
No me desperté temprano, no fui a clases, no he estudiado nada, no he hecho mi cama y recién estoy ordenando el hogar, tomé algunas fotos bonitas que aún no paso al computador, tengo los pies helados, la toalla secándose y en el reproductor mi canción favorita del nuevo disco de Jorgito Drexler (que dicho sea de paso esta semana compraremos las entradas con la PePolanco, hay que programar ese día). No es que no haya hecho nada porque odie la materia (aunque la odio) ni por falta de motivación (estoy curiosamente-alegremente motivada) sino porque la posibilidad de tener a ese sobreviviente conmigo no me permitía concentrarme en otras cosas, no cuando tengo la posibilidad de hacer cosas que me gustan más, en cierto modo eso es lo único bueno de no tener cámara (o de tener, pero que esté mala), que cuando tengo una cerca le estrujo como si no hubiera mañana, eso lo hago con todo y me gusta.
Ya es tiempo de que me ponga productiva.
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